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Cuaresma: Cenizas y Conversión

El miércoles de cenizas comenzó la cuaresma y la Iglesia nos invita a un tiempo especial de conversión que se vive con oración, ayuno y caridad. Este tiempo especial marca un camino que tiene su horizonte en el triduo pascual y culmina con la noche de Resurrección donde Jesús vence la muerte y nos abre las puertas a una nueva vida junto a Él.

La teología usa el concepto “metanoia” (μετανοῖεν) expresión griega que significa conversión, y es esa experiencia la que esperamos vivir en este tiempo, volver nuestro rostro a Jesús, seguir sus pasos y que produzca una transformación profunda de corazón y mente[1]. Esta conversión parte con un gesto de humildad que nos recuerda lo finito que somos y que sin Dios no somos nada, es la experiencia de aquel que funda nuestra existencia y busca amarnos.

La cuaresma inicia con el gesto de la imposición de cenizas. La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo. La ceniza quiere ser un gesto que nos recuerde esa actitud humilde para acompañar a Jesús en su tiempo de desierto. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual[2].

Estas cenizas nos abren a una nueva dimensión para poder mirar a nuestros hermanos con los ojos humildes de Jesús, es por eso que, la mejor preparación para este tiempo cuaresmal es poder vivir de esta humildad que Jesús y la Iglesia nos proponen, que las cenizas no sean un símbolo externo, sino que permanezcan en el interior para mirar al otro con misericordia y no buscando sus errores o defectos. La imposición de cenizas al ser un sacramental lo pueden recibir tanto católicos como no católicos, ya que es una expresión que invita a acercarse al camino de Jesús y como todo sacramental (bendición de una casa, de anillos, agua bendita, rosario, Alianza de Amor) es un camino sencillo para conocer la humildad de Dios y así dar pasos que nos ayuden a abrir el corazón y reconocer a Dios en nuestra vida.

La cuaresma es un espacio donde podemos volver nuestros sentidos al silencio, a la austeridad y la contemplación. En este tiempo podemos oír la invitación del Papa Francisco: ¡Vuelve!, sin miedo, a experimentar la ternura sanadora y reconciliadora de Dios. Deja que el Señor sane las heridas del pecado y cumpla la profecía hecha a nuestros padres[3]: «Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ez 36,26)


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